7 enero, 2026

Hacia un viaje con propósito y otras tendencias que marcarán el turismo en España en 2026

  • Del «ver» al «sentir»: El éxito de un viaje ya no se mide por la cantidad de monumentos visitados, sino por el impacto emocional y la renovación personal que genera en el viajero.
  • Sostenibilidad por defecto: Ya no es una opción «verde», sino una exigencia ética de personas familiarizadas con la sostenibilidad. Los viajeros de hoy buscan dejar una huella positiva en la economía y la cultura local de los destinos.
  • El lujo de lo sencillo: Frente a la saturación de opciones, el verdadero lujo se encuentra en el silencio, el contacto directo con la naturaleza, los recursos y la autenticidad de lo cotidiano.
  • La tecnología como puente, no como muro: La inteligencia artificial se convierte en una ayuda para la logística del viaje, permitiendo que el factor humano brille en la personalización del servicio y la hospitalidad.

El turismo ya no se mide solo en kilómetros recorridos ni en fotografías acumuladas en el móvil. De cara a 2026, el modelo turístico español se encuentra inmerso en una profunda transformación: el viajero ha dejado de ser un mero espectador para convertirse en un protagonista consciente, que busca experiencias con sentido, coherencia y recuerdo emocional.

España, por su diversidad cultural, gastronómica, paisajística y climática, parte de una posición privilegiada para liderar este nuevo modelo. Especialmente los destinos de interior, los entornos rurales y los entornos menos masificados encuentran ahora una oportunidad histórica para diferenciarse y especializarse.

Desde DINAMIZA, partiendo del análisis de las principales tendencias del sector, identificamos doce claves que marcarán el pulso de los destinos y proyectos turísticos en España durante 2026.

Hacia un viaje con propósito y otras tendencias que marcarán el turismo en España en 2026

1. Del “ver” al “sentir”: la inversión emocional como nuevo valor

El valor de un viaje ya no se mide por la cantidad de lugares visitados, sino por la huella emocional que deja. El descanso, la conexión personal y el bienestar ganan protagonismo frente a los itinerarios intensivos. El verdadero lujo pasa por volver a casa renovado con la maleta llena de sensaciones.

En España, esta tendencia se refleja especialmente en los destinos de interior y en paisajes donde el ritmo es más pausado. Territorios como Extremadura, Ribeira Sacra o la Sierra de Gredos conectan al viajero con la naturaleza, el silencio y la sencillez, priorizando el “estar” frente al “ver”.

Regiones con una sólida identidad agroalimentaria como Euskadi, Navarra o La Rioja responden a esta demanda a través del enoturismo y el turismo gastronómico, con experiencias más sensoriales y humanas, donde paisaje, producto local y emoción se alinean para crear viajes con sentido.

2. Turismo tranquilo y menos masificado: el atractivo de lo discreto

La saturación de los grandes destinos ha reforzado la preferencia de los viajeros por lugares tranquilos, auténticos y poco concurridos, donde puedan sentirse acogidos y vivir experiencias más cercanas. La calma, el ritmo pausado y la autenticidad se consolidan como criterios clave de elección.

En España, esta tendencia se refleja en comarcas que han sabido preservar su esencia, como el Matarraña, con sus pueblos de piedra y paisajes mediterráneos, o en amplias zonas del interior de Andalucía, donde la tradición y la gastronomía forman parte central de la experiencia.

Pequeños municipios y destinos rurales alejados de los grandes circuitos se consolidan así, como alternativas reales al turismo masivo, ofreciendo el contexto ideal para el desarrollo sostenible del enoturismo, el oleoturismo y el turismo gastronómico, y fortaleciendo el vínculo emocional entre viajero y territorio.

3. Sostenibilidad por defecto: coherencia con el territorio

La sostenibilidad deja de ser un valor añadido para convertirse en un requisito implícito. El viajero espera coherencia entre el relato y los hechos, y valora aquellos proyectos turísticos que nacen desde el respeto al territorio, a su paisaje y a su comunidad. No se trata solo de reducir impactos, sino de sumar valor real al entorno que los acoge.

En España, esta tendencia se traduce en iniciativas que apuestan por el producto local, la economía circular, el uso de energías limpias y la recuperación de oficios tradicionales. Ejemplos como los modelos de economía circular en Navarra, los alojamientos sostenibles del Pirineo Aragonés o la puesta en valor del pastoreo en Castilla y León o Extremadura demuestran que es posible desarrollar turismo con impacto positivo sin renunciar a la autenticidad.

4. El nuevo lujo: sencillo, accesible y auténtico

El concepto de lujo evoluciona hacia lo esencial. Ya no se asocia únicamente a exclusividad económica, sino a calidad del tiempo, atención personalizada y experiencias auténticas.

En España, este nuevo lujo se materializa en vivencias singulares y personalizadas: catas privadas en bodegas familiares de La Rioja, visitas exclusivas a olivares y almazaras en Jaén, experiencias gastronómicas a medida en pequeños restaurantes de cocina local o actividades vinculadas al astroturismo en entornos rurales con cielos limpios y poco intervenidos.

Surge así un lujo “asequible”, presente en una cata privada entre viñedos, un menú degustación basado en productos de proximidad o una estancia cuidada al detalle en un alojamiento singular. España cuenta con un enorme potencial para liderar este enfoque.

5. Especialización de los destinos: identidad clara y diferenciadora

Los destinos que mejor se posicionan son aquellos que tienen claro qué son y qué ofrecen. La especialización se consolida como una herramienta clave para diferenciarse, construir un relato reconocible y conectar de forma más directa con las motivaciones reales del viajero.

En España destacan territorios con identidades bien definidas, como Jerez, Rioja o Ribera del Duero con el enoturismo por bandera, Jaén o Córdoba con el oleoturismo, así como el turismo de bienestar ligado al termalismo en Ourense, donde tradición y territorio definen propuestas diferenciales.

Enoturismo, oleoturismo, turismo gastronómico, rutas culturales o experiencias en la naturaleza permiten crear relatos claros y especializados, alineados con una demanda cada vez más segmentada y exigente, y con mayor capacidad de generar valor a largo plazo para los destinos.

6. Gastronomía como eje del viaje

El turismo gastronómico vive un auge imparable. Comer deja de ser una actividad complementaria para convertirse en el principal motivo del viaje.

Mercados tradicionales, almazaras, bodegas, restaurantes de cocina local o experiencias culinarias en entornos rurales posicionan a España como uno de los grandes destinos gastronómicos del mundo, tanto en propuestas populares como premium.

En este contexto, surgen iniciativas concebidas específicamente para vertebrar el destino a través de la gastronomía, como Castelló Ruta de Sabor, que integra productores, restaurantes y experiencias en torno al producto local. Modelos que atraen a un viajero cada vez más interesado en la identidad gastronómica del territorio y en vivir la cocina como una puerta de entrada auténtica al destino.

7. Construcción de relatos: contar el territorio para conectar con el viajero

El viajero busca comprender el lugar que visita. Las experiencias que funcionan son aquellas que cuentan una historia coherente, honesta y emocional asociados a los recursos diferenciales del territorio.

Relatos ligados al paisaje, las tradiciones, los oficios o a la memoria del territorio permiten crear destinos temáticos con alma, donde cada actividad refuerza la identidad del conjunto.

8. Tecnología al servicio de la experiencia

La tecnología, y en especial la inteligencia artificial, se integra de forma discreta para optimizar la gestión y la logística del viaje, liberando tiempo y recursos para que el factor humano gane protagonismo en la experiencia turística. Automatizar procesos permite centrarse en lo verdaderamente importante: la atención, el relato y la relación con el viajero.

En España, la clave está en aprovechar los datos y la inteligencia artificial para personalizar la experiencia sin renunciar a la calidez, la cercanía y el trato humano que definen a nuestro país como destino anfitrión. Una tecnología que no sustituye, sino que acompaña y refuerza la hospitalidad, mejorando la experiencia sin hacerla impersonal.

9. Turismo de bienestar y cuidado personal

El cuidado físico y emocional se consolida como uno de los grandes motores del viaje. Spas, retiros de bienestar, experiencias de desconexión digital y propuestas vinculadas a la naturaleza ganan protagonismo.

Balnearios históricos, destinos termales, alojamientos wellness y entornos naturales españoles ofrecen un marco ideal para este tipo de turismo pausado y regenerador.

En España destacan ejemplos como los balnearios históricos de Alange (Badajoz), Puente Viesgo (Cantabria), Mondariz (Galicia) o Alhama de Aragón, así como retiros de bienestar en entornos naturales de la Sierra de Grazalema, el Pirineo o la Costa Interior Valenciana, donde el viajero combina descanso, salud y conexión con el entorno.

10. Estancias con identidad: el alojamiento como experiencia

El alojamiento deja de ser un simple lugar donde dormir para convertirse en una pieza clave del viaje. La arquitectura integrada, el diseño con sentido, el vínculo con el entorno y una narrativa propia son los elementos que marcan la diferencia y aportan valor real a la experiencia.

Hoteles boutique, casas rurales singulares y proyectos de hospitalidad experiencial se consolidan como destinos en sí mismos, capaces de transmitir identidad, generar emoción y reforzar la conexión del viajero con el territorio desde el primer momento.

11. Turismo de proximidad y escapadas conscientes

Viajar cerca deja de ser una alternativa secundaria para convertirse en una elección consciente. Descubrir destinos a pocas horas de casa se asocia a una forma de viajar más sostenible, flexible y alineada con el deseo de disfrutar sin prisas.

España cuenta con una enorme diversidad de escapadas de corta distancia que permiten desconectar, profundizar en el conocimiento del territorio y reducir el impacto ambiental, reforzando al mismo tiempo la economía local y las experiencias auténticas.

12. Viajes que inspiran: cultura, literatura y creatividad

La cultura se consolida como un motor clave del viaje, dando lugar a experiencias más reflexivas y enriquecedoras. Destinos y rutas literarias, territorios ligados al arte, la historia o la creación contemporánea permiten viajar desde la inspiración y el conocimiento. Más allá de los escenarios icónicos, estos viajes invitan a la pausa, la reflexión y a una conexión intelectual más profunda con el territorio.

El turismo en España se valorará cada vez más por la huella que deja en las personas viajeras, y no por el volumen de visitantes. El reto está en interpretar las tendencias desde la identidad y los recursos propios de cada territorio, construyendo propuestas con sentido y arraigo.

El turismo no se improvisa: se diseña. Requiere especialización, visión estratégica y propósito para conectar paisaje, producto, cultura y comunidad local, y así crear experiencias auténticas que generen valor económico, social y emocional para destinos y viajeros.

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7 enero, 2026

Hacia un viaje con propósito y otras tendencias que marcarán el turismo en España en 2026

  • Del «ver» al «sentir»: El éxito de un viaje ya no se mide por la cantidad de monumentos visitados, sino por el impacto emocional y la renovación personal que genera en el viajero.
  • Sostenibilidad por defecto: Ya no es una opción «verde», sino una exigencia ética de personas familiarizadas con la sostenibilidad. Los viajeros de hoy buscan dejar una huella positiva en la economía y la cultura local de los destinos.
  • El lujo de lo sencillo: Frente a la saturación de opciones, el verdadero lujo se encuentra en el silencio, el contacto directo con la naturaleza, los recursos y la autenticidad de lo cotidiano.
  • La tecnología como puente, no como muro: La inteligencia artificial se convierte en una ayuda para la logística del viaje, permitiendo que el factor humano brille en la personalización del servicio y la hospitalidad.

El turismo ya no se mide solo en kilómetros recorridos ni en fotografías acumuladas en el móvil. De cara a 2026, el modelo turístico español se encuentra inmerso en una profunda transformación: el viajero ha dejado de ser un mero espectador para convertirse en un protagonista consciente, que busca experiencias con sentido, coherencia y recuerdo emocional.

España, por su diversidad cultural, gastronómica, paisajística y climática, parte de una posición privilegiada para liderar este nuevo modelo. Especialmente los destinos de interior, los entornos rurales y los entornos menos masificados encuentran ahora una oportunidad histórica para diferenciarse y especializarse.

Desde DINAMIZA, partiendo del análisis de las principales tendencias del sector, identificamos doce claves que marcarán el pulso de los destinos y proyectos turísticos en España durante 2026.

Hacia un viaje con propósito y otras tendencias que marcarán el turismo en España en 2026

1. Del “ver” al “sentir”: la inversión emocional como nuevo valor

El valor de un viaje ya no se mide por la cantidad de lugares visitados, sino por la huella emocional que deja. El descanso, la conexión personal y el bienestar ganan protagonismo frente a los itinerarios intensivos. El verdadero lujo pasa por volver a casa renovado con la maleta llena de sensaciones.

En España, esta tendencia se refleja especialmente en los destinos de interior y en paisajes donde el ritmo es más pausado. Territorios como Extremadura, Ribeira Sacra o la Sierra de Gredos conectan al viajero con la naturaleza, el silencio y la sencillez, priorizando el “estar” frente al “ver”.

Regiones con una sólida identidad agroalimentaria como Euskadi, Navarra o La Rioja responden a esta demanda a través del enoturismo y el turismo gastronómico, con experiencias más sensoriales y humanas, donde paisaje, producto local y emoción se alinean para crear viajes con sentido.

2. Turismo tranquilo y menos masificado: el atractivo de lo discreto

La saturación de los grandes destinos ha reforzado la preferencia de los viajeros por lugares tranquilos, auténticos y poco concurridos, donde puedan sentirse acogidos y vivir experiencias más cercanas. La calma, el ritmo pausado y la autenticidad se consolidan como criterios clave de elección.

En España, esta tendencia se refleja en comarcas que han sabido preservar su esencia, como el Matarraña, con sus pueblos de piedra y paisajes mediterráneos, o en amplias zonas del interior de Andalucía, donde la tradición y la gastronomía forman parte central de la experiencia.

Pequeños municipios y destinos rurales alejados de los grandes circuitos se consolidan así, como alternativas reales al turismo masivo, ofreciendo el contexto ideal para el desarrollo sostenible del enoturismo, el oleoturismo y el turismo gastronómico, y fortaleciendo el vínculo emocional entre viajero y territorio.

3. Sostenibilidad por defecto: coherencia con el territorio

La sostenibilidad deja de ser un valor añadido para convertirse en un requisito implícito. El viajero espera coherencia entre el relato y los hechos, y valora aquellos proyectos turísticos que nacen desde el respeto al territorio, a su paisaje y a su comunidad. No se trata solo de reducir impactos, sino de sumar valor real al entorno que los acoge.

En España, esta tendencia se traduce en iniciativas que apuestan por el producto local, la economía circular, el uso de energías limpias y la recuperación de oficios tradicionales. Ejemplos como los modelos de economía circular en Navarra, los alojamientos sostenibles del Pirineo Aragonés o la puesta en valor del pastoreo en Castilla y León o Extremadura demuestran que es posible desarrollar turismo con impacto positivo sin renunciar a la autenticidad.

4. El nuevo lujo: sencillo, accesible y auténtico

El concepto de lujo evoluciona hacia lo esencial. Ya no se asocia únicamente a exclusividad económica, sino a calidad del tiempo, atención personalizada y experiencias auténticas.

En España, este nuevo lujo se materializa en vivencias singulares y personalizadas: catas privadas en bodegas familiares de La Rioja, visitas exclusivas a olivares y almazaras en Jaén, experiencias gastronómicas a medida en pequeños restaurantes de cocina local o actividades vinculadas al astroturismo en entornos rurales con cielos limpios y poco intervenidos.

Surge así un lujo “asequible”, presente en una cata privada entre viñedos, un menú degustación basado en productos de proximidad o una estancia cuidada al detalle en un alojamiento singular. España cuenta con un enorme potencial para liderar este enfoque.

5. Especialización de los destinos: identidad clara y diferenciadora

Los destinos que mejor se posicionan son aquellos que tienen claro qué son y qué ofrecen. La especialización se consolida como una herramienta clave para diferenciarse, construir un relato reconocible y conectar de forma más directa con las motivaciones reales del viajero.

En España destacan territorios con identidades bien definidas, como Jerez, Rioja o Ribera del Duero con el enoturismo por bandera, Jaén o Córdoba con el oleoturismo, así como el turismo de bienestar ligado al termalismo en Ourense, donde tradición y territorio definen propuestas diferenciales.

Enoturismo, oleoturismo, turismo gastronómico, rutas culturales o experiencias en la naturaleza permiten crear relatos claros y especializados, alineados con una demanda cada vez más segmentada y exigente, y con mayor capacidad de generar valor a largo plazo para los destinos.

6. Gastronomía como eje del viaje

El turismo gastronómico vive un auge imparable. Comer deja de ser una actividad complementaria para convertirse en el principal motivo del viaje.

Mercados tradicionales, almazaras, bodegas, restaurantes de cocina local o experiencias culinarias en entornos rurales posicionan a España como uno de los grandes destinos gastronómicos del mundo, tanto en propuestas populares como premium.

En este contexto, surgen iniciativas concebidas específicamente para vertebrar el destino a través de la gastronomía, como Castelló Ruta de Sabor, que integra productores, restaurantes y experiencias en torno al producto local. Modelos que atraen a un viajero cada vez más interesado en la identidad gastronómica del territorio y en vivir la cocina como una puerta de entrada auténtica al destino.

7. Construcción de relatos: contar el territorio para conectar con el viajero

El viajero busca comprender el lugar que visita. Las experiencias que funcionan son aquellas que cuentan una historia coherente, honesta y emocional asociados a los recursos diferenciales del territorio.

Relatos ligados al paisaje, las tradiciones, los oficios o a la memoria del territorio permiten crear destinos temáticos con alma, donde cada actividad refuerza la identidad del conjunto.

8. Tecnología al servicio de la experiencia

La tecnología, y en especial la inteligencia artificial, se integra de forma discreta para optimizar la gestión y la logística del viaje, liberando tiempo y recursos para que el factor humano gane protagonismo en la experiencia turística. Automatizar procesos permite centrarse en lo verdaderamente importante: la atención, el relato y la relación con el viajero.

En España, la clave está en aprovechar los datos y la inteligencia artificial para personalizar la experiencia sin renunciar a la calidez, la cercanía y el trato humano que definen a nuestro país como destino anfitrión. Una tecnología que no sustituye, sino que acompaña y refuerza la hospitalidad, mejorando la experiencia sin hacerla impersonal.

9. Turismo de bienestar y cuidado personal

El cuidado físico y emocional se consolida como uno de los grandes motores del viaje. Spas, retiros de bienestar, experiencias de desconexión digital y propuestas vinculadas a la naturaleza ganan protagonismo.

Balnearios históricos, destinos termales, alojamientos wellness y entornos naturales españoles ofrecen un marco ideal para este tipo de turismo pausado y regenerador.

En España destacan ejemplos como los balnearios históricos de Alange (Badajoz), Puente Viesgo (Cantabria), Mondariz (Galicia) o Alhama de Aragón, así como retiros de bienestar en entornos naturales de la Sierra de Grazalema, el Pirineo o la Costa Interior Valenciana, donde el viajero combina descanso, salud y conexión con el entorno.

10. Estancias con identidad: el alojamiento como experiencia

El alojamiento deja de ser un simple lugar donde dormir para convertirse en una pieza clave del viaje. La arquitectura integrada, el diseño con sentido, el vínculo con el entorno y una narrativa propia son los elementos que marcan la diferencia y aportan valor real a la experiencia.

Hoteles boutique, casas rurales singulares y proyectos de hospitalidad experiencial se consolidan como destinos en sí mismos, capaces de transmitir identidad, generar emoción y reforzar la conexión del viajero con el territorio desde el primer momento.

11. Turismo de proximidad y escapadas conscientes

Viajar cerca deja de ser una alternativa secundaria para convertirse en una elección consciente. Descubrir destinos a pocas horas de casa se asocia a una forma de viajar más sostenible, flexible y alineada con el deseo de disfrutar sin prisas.

España cuenta con una enorme diversidad de escapadas de corta distancia que permiten desconectar, profundizar en el conocimiento del territorio y reducir el impacto ambiental, reforzando al mismo tiempo la economía local y las experiencias auténticas.

12. Viajes que inspiran: cultura, literatura y creatividad

La cultura se consolida como un motor clave del viaje, dando lugar a experiencias más reflexivas y enriquecedoras. Destinos y rutas literarias, territorios ligados al arte, la historia o la creación contemporánea permiten viajar desde la inspiración y el conocimiento. Más allá de los escenarios icónicos, estos viajes invitan a la pausa, la reflexión y a una conexión intelectual más profunda con el territorio.

El turismo en España se valorará cada vez más por la huella que deja en las personas viajeras, y no por el volumen de visitantes. El reto está en interpretar las tendencias desde la identidad y los recursos propios de cada territorio, construyendo propuestas con sentido y arraigo.

El turismo no se improvisa: se diseña. Requiere especialización, visión estratégica y propósito para conectar paisaje, producto, cultura y comunidad local, y así crear experiencias auténticas que generen valor económico, social y emocional para destinos y viajeros.

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