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Turismo Enogastronómico para vivir nuevas experiencias

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El turismo enogastronómico ha dejado de ser un producto elitista, al alcance de muy pocos, para popularizarse, existiendo múltiples opciones de disfrute para todos los públicos y que han hecho que este producto experimente un crecimiento espectacular en todo el mundo.

Al progreso experimentado por las empresas productoras (bodegas, sidrerías, conserveras, confiterías…) se suma el creciente interés de los consumidores por conocer el origen de los productos, su proceso de elaboración y las industrias asociadas a los mismos. Estas industrias, desde hace unos años, y cada vez en mayor medida, están respondiendo a dicho interés acondicionando sus establecimientos para abrirlos al público, buscando un contacto directo con los consumidores de sus productos.

En este contexto, lo más importante es destacar el enorme potencial que el turismo enogastronómico  supone para cualquier destino rico en recursos gastronómicos (como ocurre en una muy buena parte de la geografía española, donde encontramos vinos, aceites, quesos, jamón, embutidos, trufa, azafrán, …).  Este potencial contribuye a beneficiar:

  • Por un lado, al propio sector primario y las propias industrias productoras, en términos de generación de sinergias con la promoción y venta de los productos. La apertura de las industrias al público contribuye a generar experiencias y vivencias en los visitantes que les permitirá retener su marca en la memoria, asociándola a su estancia en el destino, así como a generar una fuente de ingresos complementaria derivada de la actividad turística.
  • Por otro lado, para el sector turístico, dado que los productos enogastronómicos constituyen un argumento de venta turístico del territorio. Basándonos en la gastronomía, el turista vendrá al destino, alojándose en los establecimientos hoteleros , casas rurales y agroturismos, disfrutará de la gastronomía de la región, comprará vino, quesos y productos típicos, visitará el centro de los pueblos y en definitiva consumirá todos los productos que tenga a su alcance.
  • En conjunto, para todo el territorio, constituyéndose en un instrumento de desarrollo y promoción de toda una zona.

Realmente, desde tiempos remotos las personas han viajado para disfrutar de la gastronomía, comprar productos típicos, participar en fiestas y eventos, … Sin embargo, el fenómeno del turismo enogastronómico ha sido muy poco estudiado y las referencias bibliográficas son muy escasas.

Hall y Sarples en el 2003 definieron el turismo gastronómico como la visita a productores primarios y secundarios de alimentos, festivales gastronómicos, restaurantes y lugares específicos donde la degustación de platos y/o la experimentación de los atributos de una región especializada en la producción de alimentos es la razón principal para la realización de un viaje.

Así pues, el turismo gastronómico se basa en conocer y aprender, comer y degustar, así como disfrutar de la cultura gastronómica identificada con un territorio. Sin lugar a dudas, este conjunto de recursos, productos y servicios, articulados en torno a la gastronomía contribuye a generar experiencias únicas para el turista, actividad que está totalmente alineada con las nuevas expectativas de la demanda que hoy en día busca experimentar vivencias, realizar actividades memorables, mucho más que “visitar de forma pasiva” un determinado lugar. Catas, degustaciones, talleres de cocina, gymkanas gastronómicas, compras directas, participar en labores agrícolas, … todo un buen número de opciones para el disfrute de este turista.

Cabe destacar que, el producto turístico gastronómico puede ser el producto prioritario en algunos destinos o bien el complementario de otros productos (Naturaleza, cultura, congresos, …), jugando un papel muy determinante a la hora de seleccionarlo, aunque la primera motivación no sea gastronómica.

Pero además de ser un producto turístico singular, desestacionalizador y con un alto componente cultural, se está convirtiendo en una pauta para el desarrollo socioeconómico de muchas zonas rurales y costeras y sus entornos productivos, generando verdaderas alternativas económicas derivadas de la dinamización turística en torno a la cultura enogastronómica .

En España, se ha empezado a apostar fuertemente por el turismo gastronómico a través del Plan de Promoción del Turismo Enogastronómico, aprobado en 2009 en Palma de Mallorca por el Consejo de Ministros. A raíz  de este Plan surgió el Club de Producto Gastronómico Saborea España (Tasting Spain), una iniciativa que cuenta con 9 millones de euros para el período 2009-2012. El objetivo principal de esta iniciativa es posicionar la marca Saborea España/Tasting Spain en el mercado nacional e internacional a través de experiencias y productos gastronómicos asociados a destinos gastronómicos españoles de referencia.

A nivel de Comunidades Autónomas, en los últimos años, también se han puesto en marcha iniciativas de creación de Clubes de Producto Gastronómico, como es el caso de Cataluña y de Castilla La Mancha. Otros destinos como Asturias, Galicia y Euskadi, entre otros, han realizado una fuerte apuesta por el desarrollo de este tipo de turismo, planificando actuaciones que implican a todos los agentes del territorio. En el caso del Principado de Asturias, se cuenta con el Plan de Competitividad Saboreando Asturias,  dotado de una inversión que supera los 9 Millones de euros. Galicia, también ha presentado recientemente un Plan Director de Turismo Enogastronómico.   Y Euskadi, que tras desarrollar un ambicioso Plan de Impulso del Turismo Enogastronómico, ya se encuentra inmersa en la implantación la primera anualidad de un plan que, en 3 años, pretende convertir al País Vasco en un destino de referencia gastronómica a nivel nacional e internacional.

En general, se percibe una mayor sensibilidad hacia políticas de desarrollo sostenible, basadas en un mayor aprovechamiento de los recursos endógenos, impulsando productos de la tierra, con denominación de origen, indicaciones geográficas protegidas, potenciación de la gastronomía típica de cada zona, etc… aspectos que contribuyen a crear un modelo turístico no masivo e integrador de los distintos sectores económicos de cada zona.

El sector turístico en general está inmerso en proceso de adaptación a los nuevos retos del escenario económico y turístico mundial, con una crisis sin precedentes, caracterizado por una fuerte competencia entre destinos y productos turísticos, así como por los nuevos modelos de distribución adaptados a la consolidación de Internet y los cambios en los patrones de comportamiento de la demanda turística (turismo experiencial).

En este contexto, políticas de impulso del turismo enogastronómico fomentan sinergias con sectores como el agrario, el pesquero, el ganadero y el productivo, contribuyendo a su integración en el sector turístico para crear un producto gastronómico rico, diverso y enormemente experiencial.

El enoturismo y el turismo gastronómico han evolucionado sorprendentemente en los últimos años. Siendo anteriormente modalidades turísticas prácticamente desconocidas han pasado a convertirse en una alternativa de viaje o escapada, así como en una vía económica fundamental para el desarrollo de las zonas productoras.

En España, gracias a la Secretaría de Estado de Turismo y a ACEVIN durante más de 10 años se ha venido desarrollando – el enoturismo en torno al proyecto “Rutas del Vino de España”. Como consecuencia de este proyecto, existen 21 territorios vitivinícolas que han trabajado en proyectos de turismo del vino, destinos que están impulsando su producto enoturístico particular denominado “Ruta del Vino”.

Pero España es mucho más que vino. Existen otras numerosas Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas de quesos, aceite de oliva, azafrán, conservas, jamón ibérico, sidra, pan… La existencia de unas materias primas de excepcional calidad, el desarrollo de iniciativas enogastronómicas con distintos niveles de éxito, disponer de una cocina con identidad propia en cada región y poder encontrar recursos turísticos desde el mar o el campo hasta la mesa, le ofrecen a España la oportunidad de crear un producto turístico enogastronómico competitivo y de primer nivel, ligado a los sectores productivos. No hemos de conformarnos con crear una marca, crear una asociación de destinos y organizar algunos eventos gastronómicos.

Sin lugar a dudas, este producto ha de desarrollarse contando con la participación del sector y definiendo unos elevados estándares de calidad, acordes a las expectativas de una demanda cada vez más sofisticada, exigente y ávida de experiencias y emociones; y para ello, deberá establecer estrategias propias que permitan aportar al turismo enogastronómico un carácter diferencial, pero ante todo crear un producto reconocible por el mercado y en el propio territorio.

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